lunes 1 de septiembre de 2008

Archibebe común


Dicen que nunca te acostarás sin saber una cosa más...yo ayer aprendí que por llorar pueden dolerte hasta los oídos y tener una jaqueca que no te deje dormir y te dure todo el día siguiente. Aunque el peor de todos los dolores es el de corazón.


Ayer se fue mi novio a Ferrol durante cuatro meses para la formación de marinero. Así tendrá un sueldo fijo mientras estudia las oposiciones para teniente. Otra cosa que aprendí ayer es que, jamás hubiera podido imaginar que iba a ser tan complicado para mí esta separación. No pude dejar de llorar en su despedida, y la imagen del autobus que arrancó a mi amor de mis brazos no se me quita de la cabeza. Gracias a este hecho tan desesperante para mí, he podido saber hasta dónde llega el amor que siento por él: no llega a ningún sitio, porque no tiene límites.


Quiero que vuelva pronto, porque cuando ya esté aquí destinado en Rota, estaremos más cerca de vivir juntos y formar nuestra propia familia.


Anoche, después de que mi amor se pusiera rumbo a su destino, estaba deseando llegar a mi coche para poder llorar tranquila, el nudo en la garganta no me dejaba ni hablar con mis suegros. Y después de despedirme de ellos, escuché cerca del paseo marítimo del recinto ferial de San Fernando un canto con olor a salina. Para mí, desde ese momento, las amargas despedidas cantan como los archibebes. Un sonido familiar, que me hace sentir bien, que me recuerda a mi hogar.
Ese archibebe me habló: - pronto estaréis juntos, pronto podréis amaros por siempre -.

1 comentarios:

Chemi Martín dijo...

Ánimo compañera, que esta situación que tanto te duele seguro que hará más fuerte vuestra relación. Te aseguro que yo no soy ningún romántico tipo Elena Francis, pero resulta que me ha conmovido tu pena. Me habla de alguien apasionada, amante de la vida, llena de ganas por seguir adelante y eso me parece un tesoro digno de admiración. Para tí es la vida. Hay gente que no se apasiona con nada por no sufrir. A esa gente el simple roce del tiempo les va erosionando, por eso observan cómo los años fluyen como un río que se escapa. Tú no, compañera, tu eres de las que se beben la vida aunque duela. Es más, eres de las que se la ARCHIBEBEN.Ánimo.